Fabula «Matar a la Vaca»

Por #ParaEmprendedores

Te ha pasado que le platicas a un familiar, amigo o conocido que aún están dentro de su zona de confort,   que te despidieron o renunciaste y que has tomado la decisión de emprender.

  • Si les dices que te despidieron, seguro te dirán que estás en desgracia, que emprender en México es casi imposible. Sentirán lástima por ti y dentro de ellos desearán no estar en tus zapatos.
  • Si les dicen que renunciaste para emprender, de loco (a) no te bajarán.

Tal vez ese familiar, amigo o conocido necesita leer la siguiente fábula.

Matar la Vaca

Un maestro y su discípulo llegaron a una humilde vivienda en el campo. Pidieron alojamiento para pasar la noche a la anciana pareja que vivía allí. Fueron bien recibidos por el humilde matrimonio, que les dio a comer un pedazo de pan y un vaso de leche.

Esta leche, les dijeron, la extraemos de esa vaca que está en el establo y es nuestra única pertenencia y de la cual vivimos día a día, vivimos de la leche que le ordeñamos.

– ¿Es su única pertenencia, su único modo de sustento? – pregunto el maestro.

– Así es – contestó el anciano.

Se fueron a dormir y el discípulo estaba muy conmovido con la anciana pareja. Al día siguiente, el maestro despertó al discípulo y le dijo: ¿Ves ese cuchillo que está allí?

– Sí maestro.

– Bueno. Ve, tómalo y mata a la vaca.

– ¿Qué?

El discípulo no lo podía creer, portarse de esa forma con la anciana pareja que los había recibido con los brazos abiertos.

¡Matar a la única pertenencia que tenían!

Pero tuvo que aceptar la orden de su maestro. Y se fueron dejando a la vaca desangrando.

El discípulo no dejo de pensar, ¿qué habría sido de la entrañable pareja de ancianos? Así que regresó junto al maestro al cabo de unos años. Pero parecía haber un error. La otrora casa humilde, ahora era una hacienda que se veía muy prospera.

Tocaron y les abrieron. Pidieron posada y salió la pareja de ancianos, pero esta vez, muy bien vestidos.

– Disculpe – preguntó el anciano- ¿No son ustedes aquellos señores a los que les dimos posada hace algunos años?

– Así es, efectivamente- respondió el maestro- ¿Pero que pasó aquí? ¿Cómo es que ahora han prosperado tanto?

– Ahh, pues fíjese que bueno que a ustedes no les pasó nada, estaba preocupado por ustedes. Fíjese que el día que les di posada, creo que entraron unos maleantes y mataron mi vaca, la única fuente de recursos que tenía en ese momento.

Así que no me quedó nada más que cortarla en partes. Vendí la carne, el cuero, las vísceras y gracias a Dios me fué muy bien. Con el dinero compré otra vaca y aún me sobró, así que lo invertí en otra vaca. Con el tiempo, esas vacas tuvieron más vacas y estas otras más, y así sucesivamente, hasta ahora tener más de 20 mil cabezas de ganado. Me ha ido muy bien y me alegro ahora de verlos y saber que nada les paso”.

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